Cómo son los niños que comen mal

Cómo son los niños que comen mal
diciembre 02 16:47 2015 Print This Article

Los niños comedores selectivos

Todos los niños pasan fases en las que comen menos, sobre todo entre  los 2 y los 5 años experimentan una disminución del apetito por causas fisiológicas normales, necesitan menos calorías y no aumentan de peso como antes.

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Para Venancio Martínez “resulta imprescindible diferenciar a los niños que padecen una anorexia verdadera– aquellos que con independencia del origen, orgánico o psicoemocional del problema tienen un riesgo nutricional verdadero– de aquellos que presentan una falsa anorexia o pseudoinapetencia, niños en los que el riesgo nutricional es escaso o nulo”. Estos últimos son los denominados comedores selectivos o “picky eaters” .
 
  Características de los comedores selectivos

•  Se trata de niños menores de tres años que presentan fuertes preferencias alimentarias

•  Limitan el número de alimentos o exigen preparaciones especiales

•  No les interesa la comida y la ingieren lentamente

•  Los berrinches y vómitos resultan frecuentes, así como el hecho de tirar la comida o los cubiertos

•  No obstante, presentan un desarrollo normal y sus hábitos alimenticios no tienen consecuencias negativas sobre el crecimiento y el estado nutricional

No obstante, Venancio Martínez señala que “hay trabajos que postulan que estos pacientes presentan un riesgo nutricional real”.

Así pues, es necesario abordar el problema, ya que es probable que el niño presente futuros transtornos de la conducta alimentaria como las aversiones sensoriales –rechazo de alimentos por su olor, textura o sabor–, las neofobias o aversión a la ingesta de nuevos alimentos que, aunque son poco comunes en las consultas de pediatría, sí son frecuentes en la de los psiquiatras y pueden estar ligadas a trastornos como psicosis infantiles y trastornos generalizados del desarrollo.

¿Qué es un niño que realmente come mal?

La ONU señala en su estudio que el niño mal comedor es aquel que de manera habitual come poca cantidad o poca variedad de alimentos, o ambas circunstancias a la vez.

Durante el Congreso de la SEPEAP, el gastroenterólogo infantil David Gil Ortega hacía una apreciación importante: “Los problemas de alimentación, que no deben confundirse con los nutricionales, se refieren a las dificultades de los progenitores o cuidadores para alimentar a los niños”. En este sentido, precisaba que los niños que comen mal pueden presentar temor excesivo o irracional a comer, llanto que dificulta la alimentación, ingesta selectiva, depresión o exceso de actividad, lo que se suma al poco interés en la alimentación.

Los expertos señalan que los niños inapetentes tienen más probabilidades de sufrir carencias nutricionales con el paso del tiempo, ya que sobre todo se niegan a comer  alimentos ricos en vitaminas, minerales y fibras,  y de que un 4% de los casos derive en obesidad infantil. Las verduras y las hortalizas son los alimentos que mayor rechazo producen, con un 64%. Les siguen el pescado, las legumbres y la fruta.

Niños que comen mal

Comer mal es un hábito que perjudica tanto el desarrollo físico como el rendimiento escolar. “La media de la disminución del cociente intelectual de los niños con trastornos de alimentación se cifra en 13-14, por lo que su capacidad de aprendizaje es mucho menor”, afirmaba en su ponencia José Luis Bonal, presidente de la SEPEAP.

Por lo general, es a partir de los dos años cuando los padres empiezan a detectar los primeros síntomas de un niño que come mal, momento en el que incurren en el primer error: pensar que el tiempo solucionará el problema y que comerá de todo por iniciativa propia. Desde el Observatorio de la Nutrición Infantil (ONI) explican que “un niño que a los diez años es mal comedor lleva alimentandose mal por lo menos cinco”.

Pero además de retraso en el desarrollo del niño, el problema del mal comedor afecta a la vida familiar pues las comidas y los momentos previos trascurren en un clima de crispación, ansiedad y estrés: cuatro de cada diez padres españoles reconocen que es normal que en las comidas se escuchen gritos y llantos.

Berrinches y pataletas de los niños que comen mal

Durante la celebración del Congreso de la SEPEAP la psiquiatra infantil Fuensanta Robles sostuvo que “los niños pasan, entre el uno y los tres años, por una etapa del desarrollo de individualización en la que asumen una conducta de oposición generalizada que manifiestan no sólo a través del lenguaje, sino del comportamiento con berrinches y pataletas, así como una conducta alimentaria marcada por la negación de la ingesta”. Pero precisa que los problemas en la alimentación también pueden encontrarse asociados con trastornos psicológicos o psiquiátricos de distinta gravedad. Los pediatras deben interpretar que una mala conducta alimentaria o la negación de la ingesta pueden ser la expresión de un malestar –como irritabilidad o depresión– por muy diversos factores, como un cambio de domicilio, o de colegio, la separación de los padres… Por lo general, sólo en algunas ocasiones supone la primera manifestación de un trastorno psiquiátrico más grave.

Anorexia infantil  

La anorexia infantil suele desarrollarse entre los 12 meses y los 3 años, y no debe confundirse con la anorexia nerviosa que no aparece hasta los 6 años, cuando el niño ya tiene conciencia de su imagen corporal. La primera siempre es la manifestación de una relación dificultosa entre padres e hijo, o bien primaria o bien secundaria al acto de comer. En esta etapa el niño se enfrenta a la individualización y la separación, y cuando ésta no se produce de la manera correcta, bien sea por un problema de temperamento del niño o de los progenitores a la hora de manejar su ansiedad, el resultado es un trastorno en la alimentación.

Además, se produce un círculo en el que la madre fuerza al niño a la hora de comer porque se siente angustiada y el pequeño se estresa, lo que provoca un incremento de la actividad del sistema nervioso del niño, lo que a su vez genera una pérdida de apetito. Los psicólogos insisten en que los padres deben comprender que el niño no es bueno o malo porque no se alimente de la manera correcta y que deben establecer una diferencia clara entre el afecto y la conducta alimentaria de sus hijos.  En este sentido coinciden en que los hábitos son importantes para lograr un desarrollo psíquico adecuado y que aquellos niños que no aprenden a ordenarse en las cuestiones más cotidianas como puede ser comer presentan un riesgo elevado de alteraciones en el área de la conducta y de los afectos –en especial en el área de la ansiedad– lo que puede derivar en la aparición de trastornos en el desarrollo de su personalidad.

Fuente: desarrolloinfantil.net

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